El Diario de...

Susana Merlo

Una mirada distinta de la Agroindustria

Escribe Susana Merlo

 

En un mundo en el que la tecnología crece en forma exponencial y que, como si fuera poco, aloja dos guerras que, teóricamente, y según los analistas, “nunca iban a suceder”, es difícil hacer proyectos y programar acciones pues todo cambia en forma permanente.

Argentina, por supuesto, no es una excepción y a las cuestiones generales del mundo, debe sumarle los problemas particulares del gobierno de turno, en una sociedad que no parece aprender demasiado de las experiencias previas, y que se ha vuelto tan imprevisible y veleidosa, que cuesta pensar en el mediano y largo plazo.

Sin embargo, es absolutamente imprescindible, tanto para la sociedad como conjunto, como para el sector agroindustrial en particular.

Hoy, por ejemplo, en lo inmediato es prácticamente imposible planificar la nueva campaña agrícola, o programar un planteo ganadero a 5-7 años: el petróleo llegó a escalar hasta  U$S 114 el barril, aunque en general ronda los U$S 103-105 pero, ¿hasta cuando?.

Si la situación con Irán empeora, subirá, y si se soluciona, seguramente va a bajar a los niveles pre conflicto, a unos U$S 75 el barril. Y eso también arrastra al precio de los fertilizantes …

Por otra parte, se prevé que el “Niño” va a seguir acentuándose hacia la primavera-verano, y ya hay algunas localidades anegadas por las precipitaciones que comenzaron en marzo.

Pero por otro lado, las cotizaciones de los granos comenzaron a subir, la ganadería va a continuar con precios muy sostenidos, especialmente en el plano internacional y, por sobre todo, cuando hay humedad los productores siempre quieren producir.

Veremos, cuales son las condiciones para hacerlo.

Pero el planteo no es ese, sino lo que debería estar ocurriendo en forma simultánea para evitar algunos de los problemas actuales, y prevenir los futuros.

Y ahí la enumeración es casi infinita. Por caso, no se pueden seguir inundando las zonas más ricas del país (ni las otras) por falta de completamiento de obras hidráulicas (que en parte se podrían evitar con el uso del Fondo Hídrico).

Tampoco se puede imaginar una cosecha de 200 millones de toneladas (en este ciclo 25/26, probablemente se ronden los 165-170 millones), con las rutas actuales, sin FFCC de carga, o la Hidrovía funcionado a pleno (y ampliada), y sin nuevas inversiones para modernizar la industria.

No hay posibilidad de producir alimentos, sin una red de frío adecuada (para evitar las inmensas pérdidas actuales), se necesitan más mercados, transparencia, y un mayor control en cada etapa de las distintas cadenas para evitar desvíos, y excesos, etc.

Y, mientras la tecnología sigue avanzando en el mundo, y aparecen materiales para ampliar las zonas agrícolas (como los nuevos maíces franceses super cortos, de 90 días, que ya lograron excelentes resultados experimentales en la Patagonia), equipos y máquinas mucho más eficientes, productos sanitarios (animales y vegetales) mucho más amigables con el ambiente, o la robótica sustituyendo funciones, entre otras muchas cosas, cada vez falta más mano de obra calificada para hacer frente a los cambios, y desarrollo de infraestructura (mínima) para que la gente se quede en las zonas rurales.

Pero, por sobre todo, hace falta una participación mayor, y más directa, de los productores en cada una de las instancias, y de los niveles. Por ejemplo, ¿por qué es tan distinta la actitud provincial en Córdoba, o Santa Fe, respecto a Formosa? (por citar solo un caso).

¿Por qué hay gobernadores como Alfredo Cornejo en Mendoza que ya están mirando hacia otros rubros, como minería, para no poner toda la carga solo sobre la agroindustria?.

Y, más grave aún, es que tras más de dos años del cambio de gobierno, muchos productores recién comienzan a reaccionar sobre la parte que también les toca. De hecho, ya pasaron 10 meses desde el dictamen judicial que el abogado Pablo Torres Barthe logró a favor de productores de Henderson, por las tasas viales, y que ahora sirve de antecedente en otros casos como Baradero, Azul, Necochea, o General Alvarado, pero aún no se generaliza, y recién comienzan a aparecer planteos de amparos conjuntos para distintas causas.

Los ejemplos abundan. Este 1* de mayo se puso en marcha el Acuerdo UE-Mercosur, sin que los países sudamericanos lograran ponerse de acuerdo, entre otras cosas, sobre como distribuir la cuota de casi 100.000 toneladas de carne vacuna, a pesar de los años que lleva la discusión, y de la cantidad de encuentros (y viajes) que insumió.

Lo mismo va a pasar con el Acuerdo con los EE.UU. y, ni hablar, de la manoseada Ley de Semillas que tiene un atraso de un cuarto de siglo de discusiones sin avances, y con una reciente presentación vergonzosa (de último momento) en apenas un par de páginas, y en la que lo más novedoso pasaba por la “creación” (si, leyó bien), de un nuevo consejo asesor “rentado” del cual, naturalmente, forman parte representantes de las entidades….

El tema, que deprime a muchos, comenzó a generar también cierta alarma pues, si bien el gobierno actual es controvertido en una serie de cuestiones, es el primero en más de dos décadas que, efectivamente remueve escollos para la producción, libera mercados, comienza a aparecer el crédito, eliminó prácticamente todas las intervenciones, y plantea la actualización y fortalecimiento de toda la legislación referente a la propiedad privada, y los derechos individuales, al menos, desde la óptica de la producción.

La pregunta, entonces, que se hacen los “del campo” que miran también el mediano y largo plazo es, ¿y si el próximo gobierno cambia otra vez de signo, se podrá completar el proceso que está ahora trabajosa y lentamente en marcha, o al no estar “anclados” los cambios, volverá todo para atrás como pasó en el 2001, o en 2019?.

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