13-5-26 por SM- Chicago más firme. Trump-Xi Ping. Avanza más la cosecha. Menor oferta de hacienda.
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La hora del trigo

Con fuertes subas en Chicago, que se sumaron a las de lunes, el mercado respondió tanto a la falta de acuerdo con Irán, como a las especulaciones por la nueva cumbre entre EEUU y China, y también por los recortes a la siembra de trigo estadounidense que reportó el informe de ayer del USDA.
Así, el mercado de referencia internacional cerró con una soja de U$S 450/tn y un Disponible de U$S 332; el maíz a U$S 189/tn y el local a U$S 191/tn (más alto que en Chicago), y un trigo de U$S 250/tn con U$S 218/tn, respectivamente, con marcadas ganancias, respecto a semanas anteriores.
Para el mercado, el informe del USDA marcando caída del área de cereales y el pronóstico de aumento en la producción de soja en EEUU, fue determinante para la firmeza del cereal de invierno que llegó a su máximo en dos años, seguido también por el maíz que también espera mermas.
Este será el escenario que recibirá en Mar del Plata a los asistentes a las clásicas jornadas trigueras que organiza la Federación de Acopiadores donde, seguramente, se revisarán varios pronósticos que marcaban ligeras caídas en la nueva área de trigo 26/27 cuya siembra comenzará en pocas semanas más.
Ahora, los nuevos precios (si se mantienen), pueden hacer más atractivo el cultivo (aun en campos arrendados) y, en especial, para los que hagan doble cultivo con soja.
Por supuesto que los mayores costos de implantación, las subas de combustibles y fletes, y más especialmente, de los fertilizantes, insumo clave para un cultivo como el trigo, van a estar en la mira, más aún después de una cosecha récord y con fuertes lluvias que “barrieron” con más nutrientes que lo habitual, lo que hará imprescindible la fertilización para lograr, tanto rendimientos razonables, como una calidad panadera acorde a las necesidad del mercado interno e internacional.
Según Fertilizar, la Argentina está utilizando solo el 50% (unos 5 millones de toneladas) de la cantidad de fertilizantes que debería para una cosecha normal.
Y este, justamente, es el insumo que estará bajo análisis aunque, el elemento central ya no es el abastecimiento de los fertilizantes ( que para la fina estaría garantizado, mientras que para la gruesa se buscan orígenes alternativos a los asiáticos, sobre todo para la urea), sino los precios que, para los nitrogenados, habían escalado más de 50%.
Pero en el exterior, a causa de la repentina caída de la demanda (por seca y precios), se estarían registrando bajas para la urea que ya la llevaron en Brasil a alrededor de U$S 700/tn, mientras que en la plaza local todavía la granulada ronda los U$S 890. Los fosforados se movieron mucho menos, y se mantienen en U$S 960/tn.
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Los bioinsumos vienen marchando

Aunque en Argentina todavía no se siente tanto, la creciente presión internacional sobre los productos químicos (por cuestiones ambientales) impulsa también la producción de cada vez más insumos biológicos en el exterior, y también en el país.
Así, la Argentina, donde la institucionalización comenzó recién en 2018, comercializa ya alrededor de U$S 140-150 millones anuales, mientras que Brasil, con una legislación específica para los biológicos, y más de 80 productos registrados, está superando los U$S 1.400 millones anuales, según hicieron saber Jimena Sabor y Natalia Curciola, directivos de CABIO, Cámara de Bioinsumos que nuclea a alrededor de 30 empresas específicas del rubro.
Por supuesto que la cifra parece aún exigua frente a los más de U$S 7.000 millones anuales de los insumos tradicionales, pero el aumento de socios, y la aparición de empresas “mixtas”, está indicando que la tendencia va a seguir acentuándose de la mano de la actualización de las normativas, de la trazabilidad, y de la presión de la demanda internacional, permitiendo acrecentar la competitividad argentina.
Según explicaron, los fertilizantes bio aparecieron recién después del conflicto de la 125 (2008), aunque hay otras “punta de lanza” como los bioestimuladores de crecimiento, los inoculantes, biofunguicidas, etc.
El desafío no es menor, y va tanto desde la inclusión del tema en las curriculas universitarias (técnicas, jurídicas y económicas), hasta en las distintas organizaciones públicas; la elaboración de normas específicas, o el análisis del arancel actual de 35% del Senasa para los bioinsumos, entre otras muchas cuestiones inherentes a un producto “nuevo”.
Sin embargo, el mercado mundial ya alcanza los U$S 15.000 millones /año, con una proyección de crecimiento a U$S 25-32.000 millones en solo 4 años más (2030).
Pero la lógica es muy distinta a la que se aplica en los productos tradicionales, ya que la biología, forzosamente, se debe manejar en forma distinta que la química, y/o el capital. De ahí también la cantidad de start ups, muy activas, que crecen en el sector, ya que las asignaciones de capital son sensiblemente menores, como también el costo de los productos, a pesar de las “complicaciones” de una logística más exigente.
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Novedades malas y buenas

Una inesperada controversia se desató en torno a los certificados de deforestación que, teóricamente, exigirá la Unión Europea a partir de 2027, aunque lo mismo ya había ocurrido en el 2025 y el 1º de enero del 2026.
El tema había sido fuertemente rechazado entonces por muchos productores locales, y la repentina celeridad ahora para las inscripciones, volvió a generar gran malestar, entre otras cosas, por la apertura de datos privados de los campos, a las compañías de control.
Pero algo similar está ocurriendo también en varios países europeos, con la controvertida resolución, aparentemente muy relacionada con la discutida Agenda 2030, señalando las dificultades que enfrentan los propios productores europeos para cumplir con los estándares de trazabilidad, además de cadenas de abastecimiento que siguen objetando la norma, y especulan con lograr una nueva postergación de su puesta en marcha.
Argentina, por su parte, ya protestó la reciente calificación de “estándard”, por parte de Europa, cuando la mayor parte del territorio no fue deforestado, por la simple razón de que se trataba de planicies pastoriles, sin árboles, y otras áreas son reconocidas como “verdes”, lo que haría innecesaria la inscripción que, de todos modos, es opcional para los productores.
Mientras, algunas entidades de la producción ya dejaron en libertad de acción a sus asociados, para que decidan que hacer, debido a que la visión de algunos, lejos de ser negativa, sostiene la “ventaja” comparativa que puede tener Argentina al poder seguir la trazabilidad que otros proveedores no pueden asegurar. (MDZ)














