Escribe Susana Merlo
“Con una buena cosecha se salva el país”, es una frase que se acuñó hace décadas y se mantuvo a lo largo del tiempo. En parte, se va a comprobar este año con la “supercosecha” que puede llegar a superar los 165 millones de toneladas.
Sin embargo, en medio, Argentina perdió varios trenes. La evolución de los vecinos así lo demuestra. Y eso, a pesar del “salto” de los ´90 cuando se pasó de unos 36 millones de tn, a cerca de ´80 millones hacia finales del siglo pasado. Después los aumentos fueron más aleatorios, con un estancamiento que superó las dos décadas, hasta este nuevo “despertar”.
En todos los casos, estos movimientos eran monitoreados y previstos por un grupo técnico, la Fundación Producir Conservando (FPC), que acaba de cumplir 35 años, y que en su último informe prevé una producción agrícola (granos y oleaginosas) de cerca de 180 millones de toneladas para el 2035.
Pero, “la posibilidad de alcanzar estos volúmenes dependerá, en gran medida, de la estabilidad macroeconómica, la eliminación de distorsiones impositivas, la inversión en infraestructura, y la incorporación continua de tecnología”, sostiene la Fundación.
La estimación se acerca bastante a las previsiones que también hizo el USDA (Departamento de Agricultura de los EEUU) para la Argentina, aunque para varios la cifra es “conservadora”, en función de los avances tecnológicos exponenciales que se registran, y las condiciones de suelos y climas que tiene el país.
Del otro lado, sin embargo, también están los que recuerdan experiencias previas en las que los cambios políticos, implicaron fuertes retrocesos en el potencial productivos, como el estancamiento operado durante este siglo.
En todo caso, aún tomando las cifras menos extremas, la pregunta es: y esos volúmenes, ¿se pueden almacenar?, ¿se pueden transportar?, ¿se pueden procesar?. ¿Qué infraestructura tiene la Argentina para afrontar un nuevo aumento de su producción y, más aún, para un mayor “aprovechamiento” de la misma, con más proceso, menores pérdidas, más precio, y menor costo argentino?
La realidad de esta campaña, con km de cola de camiones sobre las banquinas de las autopistas, rutas dañadas por el excesos de cargas; muy pocos trenes en relación al volumen, apenas una parte mínima de la producción almacenada en lugares acondicionados, mientras el resto sigue desparramado en los campos en frágiles bolsones; paros de puertos y de transportes en los momentos más críticos, etc., demuestran que el déficit actual ya es mayúsculo.
Según la Fundación, “la última campaña 24/25 con 41 millones de hectáreas sembradas, permitió alcanzar una producción de 140 millones de tn, y un sado exportable de 103 millones de tn, que significaron un ingreso de divisas de exportaciones de U$S 33.000 millones de dólares” (de granos y subproductos, el año pasado).
Pero todas estas cifras ya están siendo superadas ampliamente, en la actual campaña 25/26 que está terminando, y en la que se está “quebrando” el techo de 160-165 millones de tn de producción, con un estimado, hasta ahora, de más de U$S 37.000 millones por exportaciones agrícolas que, a este ritmo, es probable que exceda los U$S 40.000 millones, solo por granos y sus subproductos.
¿Cuál es el problema, entonces?
En realidad son varios. Es que el análisis de Gustavo Oliverio y Gustavo López, de FPC, se divide en dos grandes aspectos: el sistema de producción y el esquema estructural.
Así, en el primero se plantea desde controlar la erosión de los suelos, hasta revertir la tendencia declinante de la labranza directa (corrigiendo errores de manejo), pasando por aumentar drásticamente la reposición de nutrientes que, en promedio, llega a apenas el 50% de lo que extrae (y, en campañas como la que se está terminando, ´25-´26-, con producciones y rindes récord, más bajo aún).
Mientras que en el segundo grupo se reúnen, especialmente, los déficit de logística que es, también, uno de los componentes centrales del famoso “costo argentino”, junto con la política tributaria.
De hecho, sostienen que “Argentina no está limitada por su capacidad de procesar y exportar (productos), sino por su capacidad de moverlos eficientemente”.
Por caso, y aunque por distintas razones, tanto la molinería como la industria aceitera (y se podría decir que también el sector frigorífico) están sobredimensionados, soportando costosa capacidad ociosa.
Sin embargo, es mucho más notable la falta de caminos en condiciones, desde rutas nacionales, hasta los caminos rurales (mayoritariamente de tierra), que se encuentran en pésimo estado de transitabilidad.
Por caso, con una cosecha como la que se prevé este año, se requieren más de 5 millones de viajes de camiones que, hasta el momento, absorben el grueso del transporte de mercaderías .
Es bien sabido que la Hidrovía está con contrato vencido hace 6 años, por lo que también hay muchas obras estructurales sobre el río demoradas; mientras que los FFCC (también ahora en proceso de licitación), mucho más barato que el transporte camionero, cuenta con menos de 18.000 km de vías más o menos transitables, de las cuales unas 14.000 km son de cargas, cuando se llegaron a tener 48.000 km alrededor de 1960…
No es lo único, ya que también hay un gran déficit de almacenamiento, soportado apenas por los famosos “bolsones”, ante la falta de silos e instalaciones fijas para acondicionar en forma adecuada la mercadería.
Se estima que apenas el 50 % de una cosecha promedio de 135-140 mill. tn.se almacena en forma realmente segura y adecuada, o sea, que más de 50 millones de tn, quedarían en forma permanente o transitoria en los campos en silos-bolsa. Naturalmente, la cifra se estaría elevando a más de 70 millones de tn en la actual campaña.
Por supuesto que también “pesa” sobre la producción la existencia de las retenciones (DEX) o derechos de exportación, o el atraso en la genética de semillas debido a la falta de patentes que defiendan la propiedad intelectual de los obtentores, lo que lleva a que mucho de los materiales disponibles en Argentina, estén atrasados y con rindes por debajo del que logran los países vecinos y competidores.
Del tal forma, aunque el clima ayude, los suelos sean adecuados, y los productores y contratistas tengan un excelente know how, igualmente Argentina tiene por delante varios años todavía de costos internos muy altos, por atraso y falta de eficiencia en la logística, y por el gravoso “costo argentino”, que deriva en menor capacidad de competencia internacional, y menor rédito para la producción.

