El Diario de...

Susana Merlo

Una mirada distinta de la Agroindustria

Por Susana Merlo (especial  de Mas Produccion, de La Mañana de Neququén).  Finalmente, la urgencia de la Unión Europea (UE) pudo más que la resistencia de sus agricultores, y el acuerdo con el Mercosur va camino a ser firmado antes de fin de mes. Un logro impensado para muchos, inclusive para el presidente brasileño, Inácio Lula da Silva (que buscaba esa rúbrica antes de terminar su mandato hacia fines de este año), y más beneficios de los originales, que fueron sumándose a medida que los tiempos de la UE se hacían más cortos.

Europa necesitaba “reponer” un pie en Occidente, especialmente en el continente americano, y la Administración Trump amenazaba con ganarle de mano y cerrarle muchos de los beneficios históricos que tenía (vía inmigración, etc.). Además, por supuesto, del problema de los aranceles con EE. UU. que afectó su comercio, y la presión de Rusia en su propio continente.

Así, la brecha que le dejó el Caso Venezuela le dio el espacio para un avance que se suponía mucho más lento y en el que ganaron todos. Hasta los agricultores europeos más radicalizados, que consiguieron que sus países no solo mantengan las ayudas de la PAC (Política Agrícola Común), sino que se las adelanten.

Por supuesto que, como toda negociación, habrá “ganadores” y “perdedores”, pero en general es un acuerdo positivo, con muchas “licencias” para lograrlo.

De hecho, entre los puntos salientes que la UE flexibilizó para darle inmediatez al acuerdo, aparece una situación “transitoria” (se estima de 3 años, al menos) que arrancará con la sola firma de la titular del Gobierno europeo, lo que ocurrirá en Asunción del Paraguay el próximo sábado 17 de enero.

Posteriormente, los parlamentos de los distintos países de Europa irán aprobando el Acuerdo, que cobrará forma definitiva recién entonces, aunque estará vigente desde este mismo enero.

Un aspecto que da cuenta del apuro es que tampoco los miembros del Mercosur deberán firmarlo. Es decir, el Acuerdo estará “disponible”, y cada país irá adhiriendo a medida que vaya logrando la aprobación de sus respectivos Congresos. El “datito” en este punto es que el que primero ingrese tendrá acceso al total de las cuotas otorgadas por la UE, y recién se irán distribuyendo a medida que vaya entrando el resto. La forma de distribución deberá acordarla internamente el Mercosur. Sin duda, una forma de forzar la cuestión.

Otro aspecto clave de la premura impuesta por Europa es que se permite que algunos de los países sudamericanos mantengan sus negociaciones bilaterales, por ejemplo, con los EE. UU.

También se menciona la desaparición del “principio precautorio”, justificación de muchas paraarancelarias europeas, y su sustitución ahora por fundamentos científicos, como un avance de flexibilidad.

En el mismo sentido, solo la aparición del tema “deforestación”, pero apenas como una “recomendación” a tener en cuenta, bajó muchos decibeles en la resistencia sudamericana, en una cuestión que impacta fuerte en Brasil y en Paraguay, especialmente.

Riesgos y ventajas

No ocurre lo mismo con la “cláusula espejo”, que plantea la UE en el documento y que se aplicaría a cuestiones sanitarias, de calidad, seguridad y también de ambiente, que seguramente va a provocar distintas divergencias de ambos lados.

Por otra parte, si bien los productores agrícolas y ganaderos europeos sienten que no podrán competir con la oferta sudamericana, no ocurre lo mismo con los procesadores de alimentos, que confían en vender cantidades crecientes en el Mercosur a partir de su oferta mucho más sofisticada y diversa, incluso de vinos y de aceite de oliva.

Sin embargo, hay varias cuestiones muy positivas para la región, comenzando por la “consolidación” del propio Mercosur que exige tal Acuerdo, con obligatoriedad de acordar distintas posiciones, entre ellas la distribución de las cuotas. A su vez, la Argentina en particular se verá beneficiada con la obligación de avanzar en temas pendientes como propiedad intelectual y patentes.

Desaparece la posibilidad de reimplantar cualquier restricción al comercio como ROE, registros, declaraciones juradas, etc., y se entra en un esquema más abierto y previsible de comercio. En cuanto a las retenciones (impuestos a la exportación), se plantea un cronograma de baja paulatina, aunque se cree que el Gobierno actual podría bajarlas mucho antes.

Por el lado del principal rubro de exportación argentino, la industria aceitera, se leyó como muy positiva “la decisión del Consejo Europeo de aprobarlo (el Acuerdo) finalmente y dejar de lado prejuicios políticos que no tienen razón económica detrás”, sostuvo una fuente que reconoció, además, que para el sector de cereales y oleaginosas tiene pocos beneficios, y es recién a partir del séptimo año que se eliminan los derechos de importación para el aceite de soja y de girasol en la UE, y en el décimo año para el biodiésel. “De todas maneras, tiene valor regulatorio, porque genera previsibilidad de reglas europeas ambientales, sociales y sanitarias”, sostuvieron.

Infraestructura

Pero si las ventajas para el comercio son relativas (mayores por efecto de mejora de precio que por volumen), no ocurre lo mismo con las inversiones que seguramente van a volver para participar en varios rubros, como ya ocurrió en la década del ’90.

Y, excepto que capitales europeos participen de las próximas licitaciones de obras y servicios, tanto a nivel nacional como de algunas provincias, la Argentina está muy mal en ese sentido, dado que su infraestructura atrasa casi tres décadas.

La principal obra, la Hidrovía, hace 5 años que está con el contrato vencido, y se está por cumplir un año desde la nueva licitación fallida, que ahora se debe repetir. Faltan caminos, puentes, aeropuertos, autopistas y, ni hablar, del transporte de cargas más lógico para volúmenes y distancia, que es el FFCC, que debería duplicar rápidamente su extensión a, al menos, 30.000 km.

Tampoco hay energía suficiente ni acceso en buena parte del territorio, ya que siempre los servicios solo se concentraron en las grandes ciudades y no se desarrollaron en las zonas de producción. Comunicaciones, red de frío, servicios satelitales, etc., son imprescindibles a la hora de abaratar el famoso “costo argentino” y la llave para atraer inversiones.

Por supuesto que ahora, con este Acuerdo ya en marcha, y si se aprueban las reformas laboral y tributaria, solo quedará ordenar la “anarquía” municipal de tasas descontroladas para poder, probablemente, conseguir los capitales de riesgo para hacer las obras que no se pudieron concretar hasta ahora porque “no había plata”, según palabras del propio gobierno.

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