El Diario de...

Susana Merlo

Una mirada distinta de la Agroindustria

Escribe Susana Merlo

“No siempre sobrevive el más fuerte. Lo hace el que se adapta más rápido”

Sin duda que 2025 resultó agotador. Y, como siempre, se espera el cambio de año como si todo fuera a calmarse al pasar del 31 de diciembre, el 1º de enero… ¡Falso!!. No es así…!!!.

Menos aún cuando se está en un cambio de ciclo. No solo en Argentina, sino en todo el mundo. Nada está quedando donde estaba. La geopolítica se reacomodó, y los polos de poder se reconfiguraron.

La política también viró (y es probable que lo siga haciendo), y por ende, su brazo ejecutor, la economía, también tiene otros paradigmas.

Como si fuera poco, la tecnología pasó de un ritmo “normal”, a crecer exponencialmente cambiando en forma radical hábitos y costumbres, lenguajes, códigos, y hasta culturas. Y, de la mano de China, hoy líder en la materia, fuerza al resto del mundo a sumarse a la carrera, o quedar afuera.

Pero hay algo que sigue inmutable a lo largo del tiempo: todos comen, pero son pocos los que están en condiciones de producir más comida, aún con los mayores avances técnicos que se vislumbran.

Y ahí aparece una de las grandes ventajas de la Argentina, lamentable atrasada 25 años en la materia pero que, sin duda, sigue ostentando un arma poderosa y preciada: el “Argentine food” de los ´90, discontinuado a comienzos del siglo XXI, pero no por Brasil que se transformó justamente en este lapso, en el principal productor de alimentos del mundo.

Así las cosas, todo está en movimiento, nadie sabe muy bien hacia adonde (así pasa en las grandes eras), pero “el que se queda, pierde”, y en la Argentina el campo tiene mucho para decir (y más aún para hacer) .

Hay, sin embargo, algo clave. Como dice Federico Mayer en su reciente libro Agro 10X, uno de los primeros puntos es la “actitud”. “¿Cual será el rol en el cambio?, ¿Víctimas o protagonistas?, ¿Seres reactivos, o líderes?”.

Solo, ¡queremos que nos bajen las retenciones!!, o también hay algo más?….

Y esta no es una pregunta virtual, sino todo lo contrario.

Es bien sabido que el potencial productivo agroindustrial del país  es varias veces superior al comparativamente magro que ostenta hoy por hoy. En el libro se especifican algunas metas más o menos cercanas: carne + U$S 2-3.000 millones; lechería otros U$S 800-1.200 millones; porcinos unos U$S 1-1.500 millones, o soja otros U$S 13.000 millones, por mencionar solo algunos.

Pero…¿Quiénes lo van a hacer?, ¿Dónde esta la mano de obra calificada para enfrentar semejante vuelta de campana?, ¿y los capitales? aunque, en realidad, este sería el problema menor porque con un poco más de confianza, hasta parte de los argentinos que están en el exterior podrían reingresar.

Sin embargo, el tema es mucho más complejo, porque el paradigma ya no es solamente el “cambio productivo”, sino un “cambio de vida” y de mirada.

No se trata de producir 100 o 200 kilos más de carne por hectárea, ni de agregar 5 millones de hectáreas más a la agricultura, o 15 millones más a la forestación.

Es necesario revertir el exilio interior hacia las grandes urbes deshabitando cada vez más el resto. Se necesita volver a conectar al país, FFCC, puentes, caminos, comunicación, energía, internet y, por sobre todas las cosas, EDUCACION, sí, con mayúsculas, que permita una verdadera igualdad de oportunidades, y capacidad de producir con las nuevas alternativas.

El reciente convenio entre el Gobierno de Venado Tuerto, y la Universidad Nacional de Rosario (UNR), que permitirá estudiar agronomía en esa localidad, epicentro del corazón agrícola del país, constituye una buena señal en ese sentido. Igual que la “descentralización” que vienen haciendo algunas universidades privadas, llevando sus “campus” a distintas localidades alejadas de las grandes ciudades.

Lástima que todo esto se de mientras se siguen cerrando escuelas técnicas y de oficios, o sin que se actualice la currícula para las escuelas rurales (que más de uno creen que solo se llaman así, porque están en el campo).

¿Acaso alguien duda que en algún tiempo más los robots ya van a andar operando en distintos lugares (públicos)?, ¿o que la IA (Inteligencia Artificial) seguirá avanzando exponencialmente sustituyendo distintas labores?. ¿Seriamente alguien cree que la ingeniería genética, o la biología ya terminó su avance?.

Nadie puede dudar ya sobre la continuidad de los espectaculares avances tecnológicos mundiales, especialmente chinos.

Pero, alguien realmente está pensando en esto, y como será esta nueva “vida” y la producción?

“Nunca es triste la verdad. Lo que no tiene es remedio”, dice sabiamente la canción de Serrat.

Sin embargo, hay algunas cuestiones adicionales que pueden permitir un cauto optimismo. Es que además del Poder Alimentario, la Argentina cuenta con un extraordinario Poder Ambiental, una moneda que día a día cotiza más alto en el mundo y que, en más de un caso, ya marca las principales restricciones operativas.

Poca población, cantidad de agua dulce, ambiente poco o nada contaminado, escasos residuos, gran extensión con variedad de climas, etc. constitúyeme un bien tangible que ya se evalúa en el mundo, especialmente en los lugares sobrepoblados como la India; o los que utilizan combustibles fósiles como petróleo o carbón (caso China, EE.UU., Canadá), o que directamente contaminaron sus suelos y diezmaron sus bosques naturales por la gran población y escasez de tierras para producir, tal el caso de buena parte de Europa.

Aquí aún se está lejos de eso, y de las guerras. Todavía puede haber tiempo para volver a proyectar “otro” país, como a fines del siglo XIX y, en todo caso, nada se pierde planteando como sostiene Federico Meyer, “un proyecto 10 X, que transforme la realidad (en este caso, de la agroindustria) en un 1.000%”.

Solo resta saber si el sector elegirá ser “víctima o protagonista” .

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