El Diario de...

Susana Merlo

Una mirada distinta de la Agroindustria

(Escribe Susana Merlo, especial de Más Producción, de La Mañana de Neuquén).   Finalmente, y tal vez ayudado “un poquito” por los vaivenes de la Unión Europea, los Estados Unidos terminaron definiendo y suscribiendo el ambicioso Acuerdo de Comercio e Inversiones que pocos meses atrás habían planteado a la Argentina. No hace falta decir que el Poder Ejecutivo nacional seguramente se encuentra mucho más “cómodo” con el bilateralismo abierto que le plantea la Administración Trump que con las restricciones y el multilateralismo más burocrático de la Unión Europea–Mercosur, aunque ambos son positivos para la Argentina.

A casi tres meses de haberse anunciado y tras la “postergación” inesperada (¿fiasco?) del acuerdo UE–Mercosur, la Administración Trump aceleró, consolidando su postura, que no tiene eje, justamente, en la parte comercial. Como ya se señalaba en +P del 20 de octubre pasado, para los Estados Unidos el mayor valor del Acuerdo es netamente geopolítico, mientras que para la Argentina pasa por las inversiones y el respaldo financiero que significa tener un socio como los Estados Unidos frente a la nueva alineación internacional que se está registrando en el mundo, y donde el otro gran liderazgo tiene sede en Beijing.

Dicho esto, para la Argentina es un gran paso adelante asociarse a uno de los países más abiertos del mundo, con un promedio de aranceles de 3,3 % frente al 13,4 % de la economía local.

Geopolítica, inversiones y ordenamiento interno

Tampoco se puede ocultar el peso de la jugada política de Washington respecto a la Argentina, que deberá, lo más rápido posible, hacer los deberes pendientes en materia de propiedad intelectual, patentes, propiedad privada, piratería, copias (ley de semillas incluida), etc., ítems en los que EE. UU. no hace concesiones, para poder comenzar a negociar algo más que comercio. Y ahí aparecen también inversiones cruzadas, tanto productivas como financieras, prácticamente en todos los niveles. Dicho de otra forma, el Acuerdo acelerará también los remolones tiempos del ordenamiento interno de la Argentina.

Por supuesto que aún resta el paso legislativo y que el Congreso local apruebe el acuerdo (lo que ocurrirá recién a partir de marzo), lo cual no deja de encerrar algunos riesgos, considerando la escasa o nula información de la mayoría de los legisladores respecto de los temas internacionales, pero que probablemente se “salvará” con algunas promesas de inversiones en las provincias.

A partir de ahí, el tema del comercio, aunque va a levantar mucha polvareda inicial, especialmente de parte de los sectores más protegidos, con tipos de cambio diferenciales a favor y otros beneficios, se va a ir calmando paulatinamente, tal vez con alguna flexibilización adicional, lo que marcará a los “ganadores” y a los “perdedores”.

Tampoco se puede soslayar que se trata de una de las mayores economías del mundo, principal comprador y exportador, que importa USD 220.000 millones por año solo de productos agroindustriales, mientras que Argentina es el 24.º abastecedor de ese rubro, según datos del INAI.

Así, mientras muchos piensan en lo que “se va a vender”, partiendo del hecho de que siempre el país más beneficiado en un acuerdo es el más chico, ya que accede a un mercado mucho mayor, pocos tienen en cuenta que “el otro también juega”, y es un gran exportador en industria y servicios, pero también incluso en los productos agroindustriales en los que Argentina basa sus fortalezas.

Reciprocidad, sectores sensibles y compromisos asumidos

Lo concreto es que, de movida, Estados Unidos eliminará los aranceles recíprocos para 1.675 productos argentinos en una amplia gama de sectores productivos, lo que permitirá recuperar exportaciones por USD 1.013 millones, mientras que Argentina eliminará aranceles para 221 posiciones, como máquinas, material de transporte, dispositivos médicos y productos químicos. También reducirá al 2 % otras 20 posiciones, principalmente autopartes, y otorgará cuotas para vehículos, carne y otros productos agrícolas.

Pero, en todos los casos, la palabra clave es “reciprocidad”. Por caso, en carne vacuna se amplía la cuota en otras 80.000 tn (Argentina podrá ingresar hasta 100.000 tn), pero también queda abierta la Argentina para el ingreso estadounidense, incluso de animales vivos.

Según un análisis de Coninagro, se simplificarán todos los procesos de registro y habilitaciones, por ejemplo, en carne de cerdo, en aves (que comenzarán a ingresar “como máximo” en un año) y también en lácteos.

Argentina aplicará, además, cuotas libres de arancel para productos estadounidenses como pistachos, almendras, fructuosa, vino de uva, golosinas, papas fritas congeladas, pastas untables de cacao y avellanas, y preparaciones de chocolate.

El acuerdo con EE. UU. ordena prioridades, pero deja abiertos debates sensibles.

El acuerdo con EE. UU. ordena prioridades, pero deja abiertos debates sensibles.

A su vez, según cita Coninagro, Argentina aplicará un plan de seis meses para “erradicar” el trabajo infantil en algodón, ajo, uvas, aceitunas, frutillas, tabaco y yerba mate, para asegurar su acceso al mercado internacional.

En cuanto a la maquinaria usada, “Argentina enmendará el Decreto 273” para exceptuar de la prohibición de importar bienes usados a los equipos agrícolas, de construcción y mineros.

También se confirmó el acceso preferencial, con arancel cero (0 %), para fertilizantes clave como el cloruro y el sulfato de potasio.

Por otra parte, Argentina comprometió someter al Congreso de la Nación la “ratificación”, antes de fines de 2027, de la UPOV 91, que protege las obtenciones vegetales; presentará el Tratado de Cooperación de Patentes (PCT) antes de fin de abril; y revisará los criterios de patentabilidad sobre invenciones farmacéuticas y biotecnológicas.

De todos modos, en general, no parece que en esta instancia a los EE. UU. les interese “invadir” el mercado argentino con sus productos industriales o agropecuarios. Más bien, su interés principal pasaría por realizar inversiones estratégicas en áreas clave como inteligencia artificial, biotecnología, comunicaciones, energía nuclear, medioambiente, servicios o tierras raras.

Mientras que, para Argentina, puede ser una gran chance de acotar su fuerte atraso tecnológico, presentarse junto a un socio fuerte e incómodo, pero creíble, y ser receptora de un gran flujo de capitales, y no solo estadounidenses.

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