El Diario de...

Susana Merlo

Una mirada distinta de la Agroindustria

Escribe Susana Merlo

 

Cuesta en la Argentina el “cambio de paso”. Y así como se va descubriendo que hay normas y leyes que siguen vigentes a pesar de tener décadas, haber perdido su sentido, y por haber quedado “fuera de época”, por costumbre o tecnología. lo mismo pasa con cantidad de temas que siguen repitiéndose habitualmente, cuando la realidad hace tiempo que los superó.

En algún sentido es raro, ya que los argentinos adoptan rápidamente las novedades técnicas; casi se “contagian” de las innovaciones, y son capaces de acostumbrarse rápidamente, por ejemplo, a vivir en comunidades distintas.

Sin embargo, todo cambia cuando se trata de cuestiones culturales, o sociales dentro del país. Allí, las actualizaciones son mucho más lentas, y hasta resistidas.

En el caso del campo, se sigue hablando de los “estibadores” cuando eso, en realidad, correspondía a la época cuando los granos se embolsaban y se apilaban en “estibas”. Hace años que desaparecieron porque ya todo es “a granel”.

La lucha contra el transporte y la distribución  de las medias reses tiene casi 40 años, pero se sigue resistiendo el cambio cuando ya en los negocios minoristas, la mayor parte se presenta en “cortes”, y hasta envasado al vacío.

Hay miles de ejemplos, pero la raíz es mucho más profunda. Porque hasta en muchos círculos aparentemente instruidos se sigue hablando del campo como un lugar, bucólico y “primario”. Y hasta así es calificada la producción en los nomencladores oficiales: Producción Primaria (PP), lo cual además de erróneo, confunde a los burócratas encargados de armar las normativas que rigen las actividades.

Pero es cierto que el campo fue “primario”, cuando se araba con bueyes, arados de reja y vertedera; se cosechaba a mano; se embolsa y apilaban las estibas, hasta que los carros se llevaban las bolsas al FFCC, o al puerto.

En esa época, la semilla se plantaba, recolectaba, y se guardaba un poco para el año siguiente. Ahí nació el concepto del “uso propio”.

Los porcentajes de pérdida en las producciones perecederas eran infinitas y no se podían hacer lejos de las grandes ciudades, para no aumentar el desperdicio.

¿Qué pensarían ahora los pioneros si supieran que una simple semilla tiene más valor agregado e inteligencia incluida que un auto?, ¿o que se “clonan” los caballos de deporte?, ¿O que mediante inseminación artificial, ingeniería genética, secado de embriones, y espectrógrafos, se puede elegir que tipo de hacienda producir, ¡y hasta el sexo¡.

Tal vez costaría menos lograr que ellos lo entendieran -y aceptaran- que muchos contemporáneos que aún sostienen airadamente que un producto, para tener agregación de valor, debe tener “proceso”, ser industrializado… Pero, por ejemplo, ¿que es más valioso, un jugo de manzana, o una manzana con marca, envuelta en papel sulfito, y exportada en contra-estación?.

Ni hablar de un corneo beef en una lata, vs un bife envasado al vacío, enviado con marca a Europa….

Este profundo desconocimiento de la realidad de la actual producción agropecuario, es complicado, y una de las causas de que el sector no pueda terminar de despegar y exponer totalmente su potencial.

Desde los ciudadanos comunes, hasta en los más altos cargos públicos, incluyendo gobernadores y legisladores, la mayoría adolece de falta de conocimiento estructural sobre las verdaderas fortalezas del país, tema fácilmente comprobable cuando se deben encarar negociaciones internacionales, en las que la principal moneda de cambio siguen siendo los alimentos, las fibras, y la madera, sobre los que la mayoría poco y nada conoce, ni para saber venderlas mejor, ni para defenderlas de los varios proteccionismos que aún pululan por el mundo.

Yendo más lejos aún, y en plena época de hipersensibilidad ambiental, la actividad es más “limpia” que la mayoría de las industrias convencionales, y a pesar de las décadas durante las cuales se priorizó el transporte de la producción por camiones, en detrimento de los FFCC y la Hidrovía, mucho menos contaminantes.

Además, es el más avanzado tecnológicamente, y casi el único que miran con respeto en el exterior.

Ahora, aunque más de uno quiere ver en el sector energético un competidor interno, tal cuestión no existe, entre otras cosas, porque hasta el momento, solo se habla de seguir con las viejas energías fósiles (tanto en petróleo como en gas), cada vez más cuestionadas por su poder contaminante sobre el ambiente.

Y, de aquí a que avancen las “limpias”, o menos sucias como la solar, hidráulica, eólica, o las biomasas, falta un trecho muy largo.

Y en este punto hay que aclarar dos cuestiones. En primer lugar, la única energía realmente limpia que existe es la nuclear (por eso China está construyendo 16 (¡¡¡) centrales para sustituir paulatinamente la energía fósil (carbón y petróleo).

En segundo término, lo que va a avanzar más rápido, en cuanto los liberen y los dejen competir en igualdad de condiciones, son los biocombustibles, y esos donde van a reportar?, en Energía, o en Agroindustria como hasta ahora?. Porque en ese caso será bastante difícil que los combustibles convencionales puedan siquiera acercarse a la balanza comercial de la agroindustria en el futuro..

Es que si durante el año pasado, con una producción todavía acotada por el arrastre de la sequías, los cimbronazos económicos, y la situación financiera, el “campo” fue capaz de registrar un crecimiento de 9,1% alcanzando las 151,5 millones de tn exportadas, por un total superior a los U$S 52.000 millones, no es nada difícil prever lo que va a ir ocurriendo si se mantiene la tendencia oficial de desregulaciones, y transparencia.

De hecho,  este año las previsiones son bastante mayores ya que la producción agrícola puede llegar a ser récord, consolidando el rol agroindustrial que recién comienza a despegar, después de décadas de sometimiento, y “extracción”, vía las retenciones por las que sucesivos gobiernos se hicieron “socios” del campo y de varias de sus industrias derivadas más prometedoras.

Por eso, sostener a esta altura que la producción agropecuaria es “primaria” solo porque una parte no tiene proceso, es casi infantil cuando, en  realidad, lo que se tendría que estar mirando es que hacer en materia de infraestructura, educación de las nuevas generaciones; adaptación de las franjas etarias intermedias que no están preparadas para las nuevas exigencias tecnológicas; desarrollo estratégico de nuevas ciudades a lo largo de todo el país para mejorar la calidad de vida en las megaurbes, etc., solo para aprovechar mejor las ventajas que naturalmente tiene la Argentina.

Porque además de todo, lo que no se puede negar es que, a pesar de la falta de infraestructura y servicios que aún prima en muchos lugares, la calidad de vida es mucho mejor en el campo.

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