*…a principios de noviembre de 2006 el Senasa todavía sufría los coletazos del brote de aftosa en Corrientes, casi 11 meses antes, y que aún no había explicado?. Los reclamos, incluso del exterior, se sumaban a un nuevo episodio con los nitrofuranos en miel (tampoco fehacientemente explicados) y críticas crecientes por nombramientos irregulares en el organismo, como el del Jefe de Gabinete de entonces, Carlos Milisevic que, según las denuncias de la época ostentaba un cargo que no existía en el organigrama.
*…, también por aquella época, el ya controvertido Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, mantenía una fuerte “pulseada” con la Ministro de Economía, Felisa Josefina Miceli, a la sazón, su jefe inmediato?. La Ministro no había cumplido aún un año en el cargo, y el funcionario independiente, tenía como único objetivo que la suba de precios de productos no se trasladara a los comercios minoristas. Así, en aquel momento, mantenía a rajatabla a Liniers a $ 2,40 máximo el kilo vivo ( menos de U$S 0,80) y se imponían los “precios de corte” a los lácteos. Igual, el “mercado’ saltaba el cerco de diversas formas.
*…, a mediados de este mes, pero en 2008, comenzaba su función como DT de la selección argentina de fútbol, Diego Armando Maradona?. También por entonces, en un viaje presidencial a Egipto, se había comprometido exportaciones de carne por 3.000 toneladas, aunque ese país no tiene casi cultura de comer carne vacuna. Tampoco tuvieron en cuenta los negociadores que ese año, por primera vez, la Argentina había incumplido con la codiciada Cuota Hilton de cortes de gran valor a la Unión Europea (sin pago de prelievos), que cotizaba ¡nada menos que U$S 22.000 la tonelada!!, en ese momento. Tal situación se mantiene a hoy (lamentablemente, no la de precios, sino la del incumplimiento).
“Si el campo fuera tan buen negocio no tendría porque ser subsidiado como ocurre en casi todo el mundo” sostiene un productor argentino que, con la tozudez que caracteriza a los locales, insiste con seguir invirtiendo en el agro a pesar de que en la Argentina el tratamiento es diametralmente opuesto al que reciben los productores europeos, canadienses, estadounidenses o japoneses, entre otros. De hecho, mientras en esos lugares se les da preferencias (subsidios, bonificaciones, exenciones, etc.), aquí se les cobran retenciones (¡impuestos a la exportación!), y se los somete a una presión fiscal muy superior a la media de la economía. Y los hechos de esta semana, en los que la propia Presidente reconvino otra vez al sector en forma pública, ratificaron algo que algunos (con muy buena voluntad) creían que se había ido superando. ¿Qué se espera que haga un sector o individuo que aportó en los momentos más críticos, que paga más que el promedio y que cuando tiene un problema lo retan públicamente y le recomiendan “no pedir más plata”? Pongamos un ejemplo: dos amigos comparten algunos negocios pero uno de ellos sólo es “socio” en las ganancias, y cuando el otro tienen algún problema o pérdidas, lejos de ayudarlo, lo critica por no haber tomado recaudos y, encima, le “recomienda” que a él no le pida más. Bueno, eso hizo esta semana el Gobierno cuando le “aconsejo” al campo que “tome seguros para la sequía” y que deje de “pedirle plata”… Por supuesto que el hecho amerita dos niveles de análisis: el político, que fue interpretado por muchos como una nueva provocación oficial, sobre todo porque los aportes del campo vía retenciones ya rondan los US$ 10.000 millones anuales (más de US$ 80.000 millones desde 2002 cuando se reinstauró el gravamen que había eliminado Domingo Cavallo en 1991). El segundo aspecto es el económico y técnico, porque nada se dijo de las complicaciones que todavía enfrenta el sistema de seguros en la Argentina, ni que prácticamente no existe la cobertura contra “sequía”. Mucho menos se habló del alto costo que tiene el esquema de primas (que en el resto del mundo es fuertemente subsidiado), ni del nulo avance en la materia que tiene el país a pesar de que la Administración Kirchner ya lleva 9 años, lapso interesante para haber logrado algún desarrollo en la materia si esa hubiera sido la intención. Pero este, como tantos otros temas, no es atendido en el país, ni hay posición estratégica para ello. Por caso, ni los estadounidenses, ni los europeos subsidian al campo porque les caen “simpáticos”. Lo hacen por distintas y poderosas razones. Para los EE.UU. porque, si bien logró un gran desarrollo industrial, el campo y sus sectores conexos siguen siendo estratégicos para su economía (de hecho están entre los primeros exportadores de alimentos del mundo), y también sostienen con el campo otros sectores como el de la maquinaria, el de la genética agrícola, etc., donde también son líderes mundiales. En el caso de Europa, si bien el peso relativo es distinto, el impacto social es mucho mayor. Por un lado, por su historia fuertemente agropecuaria, como en el caso de Francia, y por otro porque las viejas ciudades europeas ya no resisten más concentración. De ahí la cantidad de incentivos para que la gente vuelva a vivir al campo. Lo mismo ocurre en China, aunque por otras causas. El asunto es que las nuevas generaciones prefieren la vida en la ciudad. En ese sentido el joven alemán prefiere irse a vivir a Berlín, de la misma forma que el santafesino o el correntino quieren vivir en Buenos Aires. Pero entonces, ¿quién va a producir? La única respuesta parcial pasa por la tecnología, que el Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, ahora no deja ingresar. A la Argentina le quedan apenas alrededor de 250.000 productores agropecuarios. Sin embargo, salvo una media docena de grandes ciudades, el resto del país vive fuertemente influenciado por los resultados de su actividad. Sería interesante analizar esto pues, si siguen desapareciendo (se perdieron más de 60.000 en los últimos años), la concentración será mayúscula y dañina. Estratégicamente habrá que pensar otro país, y definitivamente no quedarán ya chances de que el interior recupere al menos una parte de los que se fueron exiliando hacia las grandes urbes. Todo se habrá transformado entonces en un inmenso y vacío sojal… ¿O será ese el objetivo?