Por Susana Merlo
Campo 2.0
05/02/2010
Si se lanzara públicamente la consulta sobre cual es el principal aliado de la Administración Kirchner difícilmente alguien lograría acertar la respuesta.
Los ensayos podrían ser muchos y variados, aunque la mayoría seguramente optaría por los que aparecen como más beneficiados. Sin embargo, y a pesar de las declaraciones casi permanentes en contra, de la particular y continua virulencia del Ejecutivo, de la ignorancia sobre su comportamiento (a pesar del tiempo transcurrido), y del desdén constante, se puede asegurar sin temor a error que el principal aliado de la Administración Kirchner fue, y sigue siendo, EL CAMPO.
Y ya no se habla solamente de los casi U$S 40.000 millones extra, por impuestos a la exportación (retenciones), que el sector le aportó al Gobierno en estos 7 años de Gobierno, o de su valor estratégico cuando la crisis social aún mantenía un muy frágil equilibrio, al principio de la gestión K.
Se podría hablar también de lo que le significó al Gobierno poder echar mano de la producción del campo cada vez que necesitó “cerrar” algún número o, más aún, durante todo el tiempo en que, con el argumento de la “defensa de la mesa de los argentinos”, apeló a achicar cada vez más los márgenes positivos de la mayoría de las producciones, hasta agotar a muchas de ellas, en una equivocada estrategia que, hoy se sabe, además de castigar al campo, termina recayendo más fuerte sobre los sectores de menores recursos (justamente lo contrario de lo que se supone que el Gobierno estaba defendiendo).
Pero más incomprensible aún que la actitud oficial con un sector que le resulta tan estratégico, es el sorprendente resultado que logra, en las antípodas de lo esperable.
Es que, por ejemplo, después de tantos reclamos, sin haber logrado siquiera uno de los pedidos (excepto el del Ministerio de Agricultura, aparentemente hasta ahora, solo para encumbrar el ignoto ex ministro de Obras Públicas bonaerense, Julián Domínguez), el campo le va a ofrecer al Gobierno una cosecha récord del “yuyo”, de más de 50 millones de toneladas de soja, lo que le va a significar al matrimonio presidencial, un inmenso alivio económico, especialmente, si se complica el Fondo del Bicentenario.
A pesar de la feroz seca de casi dos años, de la casi absoluta falta de financiación, y del terrible enfrentamiento de 2008, que tampoco mejoró el año pasado, es probable que el agro le vuelva a brindar al Gobierno 15 millones, o más, de maiz. Y también es probable que sea cierto lo que aseguran algunos funcionarios respecto a que “no se va a tener que importar trigo”, ya que además de lo ya mencionado y aún después de haber hasta destrozado el mercado de este cereal, al nivel de su casi desaparición, aún así el país logró algo más de 7 millones de toneladas del cereal que, si bien pueden parecer poquísimas al lado de las más de 16 millones que se obtenían a fines de los ’90, resultan un volumen sorprendentemente alto en las condiciones económicas, climáticas y emocionales en las que se desarrolló la última campaña.
Y que decir de la carne vacuna, el alimento más político e intervenido de toda la canasta, jaqueado desde el vamos, aunque a partir de 2005 el embate oficial ya fue permanente, hasta llegar al inédito cierre de exportaciones de marzo de 2006 que demolió la poca confianza que quedaba y pulverizó el mínimo de estabilidad que requiere cualquier inversión de mediano-largo plazo como es la ganadería. A pesar de eso, pasaron casi 4 años para que recién se comiencen a sufrir los resultados de la irresponsable política oficial que obligó a la liquidación vientres, reduciendo el rodeo nacional en alrededor de 5 millones de cabezas (10%), mientras el resto de los países limítrofes siguen creciendo.
Los ejemplos son infinitos.
¿Cómo no decir entonces que el campo es el principal, y estratégico, aliado que tiene la Administración Kirchner?.
¿Como no creerlo cuando el agro resistió hasta ahora, a pesar de las malas políticas y de las arbitrariedades?
¿Cómo no darle ese lugar?, ¿solo porque se resiste a desaparecer?