Domingo, 20 de Mayo de 2012
¿Recuerda que...

 *…a principios de noviembre de 2006 el Senasa todavía sufría los coletazos del brote de aftosa en Corrientes, casi 11 meses antes, y que aún no había explicado?.  Los reclamos, incluso del exterior, se sumaban a un nuevo episodio con los nitrofuranos en miel (tampoco fehacientemente explicados) y críticas crecientes por nombramientos irregulares en el organismo, como el del Jefe de Gabinete de entonces, Carlos Milisevic que, según las denuncias de la época ostentaba un cargo que no existía en el organigrama.

*…, también por aquella época, el ya controvertido Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, mantenía una fuerte “pulseada” con la Ministro de Economía, Felisa Josefina Miceli, a la sazón, su jefe inmediato?. La Ministro no había cumplido aún un año en el cargo, y el funcionario independiente, tenía como único objetivo que la suba de precios de productos no se trasladara a los comercios minoristas. Así, en aquel momento, mantenía a rajatabla a Liniers  a $ 2,40 máximo el kilo vivo ( menos de U$S 0,80) y se imponían los “precios de corte” a  los lácteos. Igual, el “mercado’ saltaba el cerco de diversas formas.

*…, a mediados de este mes, pero en 2008, comenzaba su función como DT de la selección argentina de fútbol, Diego Armando Maradona?. También por entonces, en un viaje presidencial a Egipto, se había comprometido exportaciones de carne por 3.000 toneladas, aunque ese país no tiene casi cultura de comer carne vacuna. Tampoco tuvieron en cuenta los negociadores que ese año, por primera vez, la Argentina había incumplido con la codiciada Cuota Hilton de cortes de gran valor a la Unión Europea (sin pago de prelievos), que cotizaba ¡nada menos que U$S 22.000 la tonelada!!, en ese momento. Tal situación se mantiene a hoy (lamentablemente, no la de precios, sino la del incumplimiento).

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Construir sin plano…

Por Susana Merlo
Campo 2.0

¿Cómo se puede hacer una construcción sin tener un plano?

¿Cómo se puede manejar una empresa sin reglas estables?

La imposibilidad es prácticamente la misma, y la empresa agropecuaria no es la excepción.

Entre abril y noviembre pasado el sector invirtió más de US$ 7.000 millones para producir la cosecha 11/12. Enterró esa cifra en el campo con el riesgo del clima y de los mercados, para obtener resultados a partir de diciembre (trigo), y luego todos los cultivos de cosecha gruesa (girasol, sorgo, maíz y soja, especialmente).

Los mercados se portaron bastante bien, pues las cotizaciones se afirmaron. Sin embargo, los productores siguieron sin aprovecharlo, en parte, por no poder vender algunos productos, pero también por las quitas importantes de precio a partir de las continuas intervenciones del Gobierno, que siguen sin ser corregidas a pesar de los reclamos.

En medio, la inocultable inflación, cambiando sustancialmente los costos presupuestados originalmente. Además, nuevas restricciones, ahora a las importaciones, que también encarecen productos que requiere el campo (insumos, repuestos, etc.), y el mantenimiento de las limitaciones a la operatoria en los mercados (permisos para exportar, Roes, etc.). O sea, se agregó el “riesgo funcionario”.

El clima, a su vez, se portó mal, y a pesar del “voluntarismo” expresado por meses por algunos funcionarios y analistas que mantuvieron casi hasta ahora, cuando la cosecha prácticamente está terminada, que los volúmenes a recolectar serían muy superiores a los factibles, la dura realidad es que el país y sus agricultores van a perder en este ciclo, por lo menos, entre 25% y 30% de lo que se esperaba.

En este caso, se podría decir que son las reglas de juego.

Sin embargo, no se puede argumentar lo mismo de los sorpresivos aumentos de impuestos que pretenden imponer algunos gobernadores, jaqueados a su vez, por sus propias finanzas y mala administración.

También, por la reiterada falta de defensa de los intereses de sus respectivos territorios.

Para mostrar la magnitud de los desfases, un informe de Jorge Esponda, productor santafesino, da cuenta que en esa provincia “Si sumamos los 8 años de Administración Kirchner y los montos por retenciones a todas las Producciones Agropecuarias santafesinas + el daño económico a la Producción Agropecuaria ocasionado por las intervenciones de la Ex ONCCA y de la Secretaria de Comercio, se estima que el perjuicio económico es superior a los US$ 22.000 millones (Fuente Fundación Libertad)”.

Y agrega que “además, en Santa Fe, está PROHIBIDO PRODUCIR:
Ejemplo trigo: en 2011, se sembraran menos de 200.000 hectáreas. Perdemos de producir más de 900.000 has, lo que representa aproximadamente 3 millones de toneladas MENOS!!!! Volumen comparable a 3.000 millones de kilos de pan, o un volumen similar de fideos
”.

¿Cómo encarar una empresa bajo estas condiciones? ¿Cómo se presupuesta? ¿Cómo se proyecta?

¿Y si avanzan los aumentos impositivos?

Es obvio que resulta imposible previsionar ahora semejantes subas, especialmente tras el fuerte daño de la cosecha.

Pero aún si eso no hubiera ocurrido, los niveles actuales de presión tributaria en Argentina, y más especialmente en el campo que aporta también las retenciones, alcanzan niveles confiscatorios que determinan que el Estado se convierta en un socio parásito y demandante en las eventuales ganancias y que, obviamente, no coparticipa las pérdidas.

Tanto es así, que todavía hay muchas regiones que fueron afectadas por la seca y que aún no logran la declaración de Emergencia Agropecuaria, ya que esto posibilitaría que los productores afectados puedan diferir el pago de impuestos y de deudas con la banca oficial.

Por eso, aunque parezca una obviedad, se hace imprescindible que se defina hacia dónde apunta la Argentina (el plano), que se termine en forma definitiva con las contradicciones entre lo que se dice y las medidas que se toman (se arman misiones para vender en el exterior, como la de Angola, pero no se deja producir, y tampoco se cumple con negocios ya cerrados, como el de la Cuota Hilton o el de mercados casi cautivos como el trigo a Brasil, etc.), y que se vuelva a la racionalidad, tanto en materia de gasto, como en lo referido al “costo argentino”, del que muy pocos hablan ahora pero que, seguramente, debe estar sensiblemente abultado por la “inestabilidad” actual de las reglas de juego.



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